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Los retos del gobierno de Iván Duque en materia de paz

Política - Agosto 7 de 2018, 7:37 am
FOTO: AFP

Con la llegada de Iván Duque a la Casa de Nariño, Colombia inicia un capitulo nuevo en su historia y la paz aparece como uno de los principales retos del nuevo gobierno.

El pacto firmado en noviembre de 2016 con las Farc para poner fin a medio siglo de conflicto armado interno es el mayor legado del gobierno de Santos, pero su aplicación ha resultado muy compleja, lo que sumado a un creciente número de disidentes, al asesinato de exguerrilleros y a diferencias internas en esa organización convertida en partido político dibujan un panorama poco alentador.

El Centro Democrático, partido al que pertenece el presidente Iván Duque, lideró la campaña contra el plebiscito y el nuevo presidente ha subrayado su intención de hacer ajustes al acuerdo definitivo, lo que es visto con recelo por una parte del país y por la comunidad internacional.

Según Duque  "aquí no se trata de hacer 'trizas' los acuerdos, sino de corregir aquellas cosas que van mal como el crecimiento exponencial de los cultivos ilícitos" que el año pasado alcanzaron las 209.000 hectáreas.

Juan Manuel Santos, en sus últimas intervenciones como presidente resaltó la importancia de mantener la paz. "¡Cuiden la paz que está naciendo! ¡Cuídenla! ¡Defiéndanla! ¡Luchen por ella! Porque es el bien más preciado que puede tener cualquier nación".

También la ONU, que jugó un papel fundamental en la implementación del acuerdo, hizo un llamado al presidente Duque a preservar la paz en una sesión del Consejo de Seguridad del pasado 26 de julio.

El enviado de la ONU para Colombia, Jean Arnault, advirtió que independientemente de las modificaciones que pueda hacerle Duque al acuerdo, lo esencial será cumplir con las garantías dadas a los guerrilleros para su desmovilización.

Precisamente una de las principales críticas que ha recibido Juan Manuel Santos por parte del partido Farc,  es el incumplimiento del acuerdo lo que, a juicio de algunos expertos, ha motivado el resurgimiento de al menos 29 grupos de disidentes en diferentes partes del país.

De hecho, el líder del partido Farc, Rodrigo Londoño, llamado "Timochenko", ha denunciado un abandono estatal.

Para Londoño, es "preocupante" que a los más de 7.000 desmovilizados se les falle en lo que respecta a sus garantías de seguridad, que no haya claridad legal sobre sus procesos judiciales y que la reincorporación a la vida civil sea tortuosa y demorada.

A ello se suma el asesinato de más de 50 exguerrilleros denunciado por la Farc, lo que aumenta el riesgo de que muchos de los que dejaron las armas vuelvan a empuñarlas con alguno de los frentes disidentes, que ya tienen cerca de 1.500 miembros.

No menos grave es la decisión de "Iván Márquez", de no asumir el escaño en el Senado para el que había sido designado y unirse a otros exguerrilleros en la zona rural de Miravalle, alegando falta de garantías de seguridad, lo que puede conducir a una división en la cúpula de la antigua guerrilla.

Otro problema mayúsculo que heredará Iván Duque es la extradición a Estados Unidos de "Jesús Santrich", detenido el pasado 9 de abril  y acusado de narcotráfico, lo que le impidió asumir su escaño en la Cámara de Representantes.
 

Incertidumbre por el futuro de los diálogos con el ELN

Otro punto pendiente en la agenda de la paz del gobierno de Iván Duque será definir el futuro de las negociaciones con el ELN, la segunda guerrilla del país.

El ELN está esperando que Duque decida muy pronto el futuro de la frustrada mesa de diálogo que dejó instalada el gobierno de Juan Manuel Santos en Cuba.

Aunque con menos combatientes y capacidad de fuego que las Farc, el grupo guerrillero lleva medio siglo en armas contra el Estado y es un factor real de poder en casi un 10% de los 1.122 municipios colombianos, según la Fundación Paz y Reconciliación.

Con unos 1.500 combatientes y una extensa red de apoyos, el ELN quiere seguir negociando la paz con Duque, tras dos años de infructuoso proceso con Santos.

Pero el nuevo presidente ya anticipó nuevas y duras condiciones de diálogo que, en opinión de analistas, resultan inaceptables para la guerrilla: suspensión de "todas las actividades criminales" y concentración de las tropas rebeldes bajo verificación internacional.

Duque tendrá que decidir si continúa con estas negociaciones y de la misma forma deberá encarar el problema de los asesinatos de líderes sociales para los cuales la ONU le pidió "una protección especial".

Otro de los puntos pendientes será enfocar los esfuerzos para lograr un acuerdo de sometimiento a la justicia de las bandas criminales, dedicadas principalmente al narcotráfico, la extorsión y la minería ilegal.

A partir de hoy el nuevo presidente tendrá que ocuparse de todas esas situaciones y del manejo que les dé dependerá si Colombia consolida o no la paz heredada desde el gobierno Santos.

NoticiasRCN.com

 
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