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Mitos y costumbres en Semana Santa: ¿Por qué los católicos no comen carne en la vigilia pascual?

País - Marzo 29 de 2018, 4:16 pm
Foto. EFE.

Alrededor de la Semana Santa hay muchas creencias, creencias que se han convertido en costumbres, y costumbres que se han transformado en verdades. Evitar comer carnes rojas o no tener relaciones sexuales son algunos ejemplos.

¿Qué tan ciertos son estos mitos? ¿Cuál es la postura de la Iglesia frente a ellos? Hablamos con el padre Juan Álvaro Zapata, actual director de la Escuela de Evangelización de la Arquidiócesis de Bogotá y quien es coordinador de estudios del Diaconado Permanente, para conocer su postura el respecto.

El sacerdote indicó qué tan ciertos son los mitos creados alrededor de estas fechas y cuál es el sentido de muchas costumbres practicadas por los fieles católicos durante la Semana Santa.

La vigilia pascual suele hacerse evitando el consumo de carne. ¿Cuál es el origen de esta tradición?

Esta es una tradición de la Iglesia como expresión de la espiritualidad cristiana, que nos invita al arrepentimiento, a dar una conversión en nuestra vida, a volver el corazón y la existencia a lo esencial del hombre, en su vocación cristiana. Es una muestra de la capacidad del ser humano, del cristiano, de privarse de algo materialmente válido e importante, que deja para alcanzar algo mucho más grande: una mayor identificación con Jesucristo, solidarizarse con los hermanos. La privación no es quitarnos algo por quitárnoslo. Es para comprometernos a algo mucho más grande por el Señor, por nuestra vocación cristiana y por el servicio a los hermanos.

¿Por qué específicamente carnes rojas?

Es una evocación a privarnos de un alimento que es esencial en las mesas de casi todo el mundo. Entonces es una manera de privarnos de esa realidad cotidiana de la carne, evocando esa condición de nuestra debilidad humana. Privarnos de eso que nos hace apartar de Dios y de la comunión con Dios. Pero esencialmente el privarnos de carnes rojas es porque, tradicionalmente, en casi todas las mesas del mundo, la carne roja es lo más común, lo que más comemos, lo que más consumimos a nivel global. De manera que el privarse de este alimento representa para muchos un verdadero sacrificio.

¿Cuál es la diferencia entre la abstinencia y el ayuno?

La Iglesia siempre ha catalogado el ayuno como el privarnos de comer cualquier alimento a lo largo de una jornada, para unirnos a la necesidad y al hambre de tantos hombres y mujeres que padecen esa realidad, día a día, en el mundo. Entonces es unirnos al hambre, a la miseria de muchos hermanos y compadecernos de ellos.  Entonces no es simplemente dejar de comer, sino que lo que yo dejo de comer lo comparto, en dinero o en alimento, a aquel que no tiene nada que comer.

Y la abstinencia es privarnos de comer carnes rojas, por ejemplo, como una manera de ofrecimiento a Dios y de sacrificar un deseo para buscar cada día más una mayor configuración con el Señor.

Tanto el ayuno como la abstinencia nos deben llevar, más allá de privarme de algo, a ser mejores cristianos. Porque, ¿de qué me sirve dejar de comer carne si voy a seguir robando, diciendo mentiras, o haciendo cosas indebidas?  Eso me tiene que llevar a mí a cambiar mi vida, a renovarme y unirme cada día más a mi proyecto cristiano.

¿Es posible cambiar mi objeto de ayuno?

El Código de Derecho Canónico estipula que el ayuno es para mayores de 18 años hasta menores de 59, pensando en la salud. Y la abstinencia es para los mayores de 14 años hasta la muerte. Pero si, por ejemplo, no puedo hacer ayuno porque hay una enfermedad que me impide privarme del alimento, puedo ofrecer un sacrificio de otro orden para que me sirva como compensación.

Desde que somos pequeños hemos oído cosas como que si se tienen relaciones sexuales en Semana Santa corremos el riesgo de “quedarnos pegados”…

Son mitos que por años se creyeron, se construyeron. Vienen de nuestros abuelos y de ciertas regiones del país. Pero hay que volver a las sagradas escrituras, que nos dicen en Génesis que el hombre deja a su padre y a su madre para unirse con una mujer y formar familia, amarse y ser felices. Entonces la relación sexual, bajo la bendición de Dios, no debe verse como algo malo. Es una gracia (bajo la decisión de Dios). Son mitos.

La Iglesia nunca ha estipulado esto ni lo tiene escrito en sus códigos. No está en la normativa litúrgica. Sí se invita a los fieles para que en Semana Santa se haga un encuentro con Dios y hagamos una entrega total de nuestro ser. En la medida de lo posible, concentremos toda nuestra energía espiritual en Dios y que se pueda ofrecer el ser completo.

Es sencillamente tratar de darle todo a Dios esta semana para recargarnos de su amor, y luego poderlo ofrecer a los otros de las múltiples maneras como damos el amor a los seres queridos.

¿Los fieles han entendido esto?

Todavía se mantienen muchas tradiciones a nivel de familia, que van pasando de voz a voz, de abuelos a nietos, de todo lo que antes se veía y se creía. Pero la Iglesia ha venido haciendo un ejercicio de clarificación de lo que realmente es esencial en la vida cristiana y en la Semana Santa.

Hemos querido, por medio de pequeñas catequesis a lo largo de estas fechas, ir quitando esos mitos, esas leyendas o falsas tradiciones, que en vez de ayudarnos desfiguran la semana santa y quitan la centralidad de lo que acontece en los días santos, que es la entrega de Dios en la persona de su hijo Jesucristo en la cruz, por amor a nosotros, para la salvación de toda la humanidad. Y que no solamente muere en la cruz, sino que resucita, vuelve a una vida nueva y definitiva, y nos abre a nosotros la vida eterna.

¿Cuál es su mensaje para vivir una Sema Santa plena (incluidos los no fieles)?

A los católicos les digo que esta Semana Santa tiene que demostrar el grado de amor que tenemos por Dios. Él es lo más importante en nuestra vida, le dedicaremos lo mejor de nuestro tiempo durante esta semana, viviendo verdaderamente nuestra espiritualidad, celebrando con él y viviendo esta pascua profundamente.

Y para quienes no creen: Jesucristo siempre nos habló del amor, del perdón, del respeto al otro. Alimentemos eso en nuestras realidades personales, viviendo el amor y el respeto a los demás, en nuestro trabajo, en nuestras relaciones, en nuestros contextos sociales para hacer de nuestro país algo mucho mejor.

¿Cuánto ha cambiado la celebración de la Semana Santa con el tiempo?

En algunos contextos se conservan todavía las tradiciones, algunas procesiones muy solemnes, algunos ritos, pero, en esencia, lo básico que la Iglesia quiere se ha conservado. Los ritos y las creaciones propias, la Iglesia las mantiene, y lo noto en el deseo de la gente de acercarse a los templos, la devoción en las eucaristías del domingo de Ramos. La gente manifestando el deseo de entregar su amor a Dios y convertirse ellos mismos en testimonios de fe. La gente sigue buscando lo fundamental de la fe viviendo estos días santos con toda la espiritualidad.

¿Algún aviso parroquial?

Que se acerquen a la parroquia más cercana, estén en su tierra o de vacaciones, y vivan estos días con intensidad porque los beneficiados serán cada uno de ustedes. Y esa gracia que recibimos en la Semana Santa, los valores que se nos transmiten, pueden ayudarnos a que juntos construyamos un país mejor.

Juan Hernany Romero C.

NoticiasRCN.com

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