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Los rostros de la tragedia del secuestro

País - Abril 3 de 2018, 1:15 pm
Foto: Equipo periodístico secuestrado en zona den frontera/ NoticiasRCN.com

Hace apenas tres días el mundo conoció las caras de los tres comunicadores secuestrados por disidencias de la guerrilla en una provincia de Ecuador, ahora sus rostros se ven nuevamente en el video de prueba de supervivencia revelado en las últimas horas.

Paul Rivas (izquierda)

El gesto más conmovedor es el del fotógrafo del equipo en el costado izquierdo, a Paul Rivas lo desarmaron por completo.

Los brazos caídos, su mirada confundida, y un gesto de su mano despejando tal vez la humedad en sus ojos durante el mensaje de supervivencia contrasta con ese talante de reportero gráfico, que captaron otros lentes en momentos más felices, como cuando lo retrataron tendido en el suelo en medio de una formación militar en busca de un ángulo distinto para su historia, o como cuando caminaba triunfal en un campo de futbol con el único armamento que ha usado a sus 45 años, su equipo de cámaras y lentes.

Efraín Segarra (derecha)

Siempre con su mano apoyada en el hombro del más joven del grupo. Esta vez la imagen no tiene nada que ver con su afición a las ‘selfies’.

El dos de marzo 24 días antes del secuestro, pidió que lo fotografiaran mientras observaba encantado la forma en que una tortuga trataba de protegerse de los carros en una de las tantas vías que ha tenido que recorrer para transportar a su equipo. 21 días antes de desaparecer en la selva ecuatoriana, se dejó fotografiar apoyado en su camioneta con el fondo de una playa y sus infaltables gafas para sol.

De esos paisajes no le queda nada, solo una cadena asegurada con candado a la garganta y metros de eslabones que lo unen a sus compañeros y que sujeta como un rosario durante la grabación.

Javier Ortega (medio)

Es la voz de los tres, con sus brazos rodea todo el tiempo a sus compañeros como señal de unidad, ahora no reporta acontecimientos, repite lo que los delincuentes quieren que diga, las exigencias para su propia liberación. Aunque está frente a una cámara por obligación y en el peor de los escenarios su carácter firme se conserva.

En cada rostro se evidencia el rastro del hambre, la falta de descanso, y la angustia por la incertidumbre que les produce su secuestro. Nueve días lleva este golpe del que esperan salir pronto y juntos como un equipo.

 

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