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¿Quiénes son los que se manifiestan en la Plaza?

Bogotá - Enero 23 de 2014, 6:49 am
La destitución e inhabilidad política dictadas a Petro, fueron confirmadas por la Procuraduría el pasado 13 de enero. Foto: @JBarrantesE

Desde hace más de un mes, la Plaza de Bolívar es el centro de reunión de miles de personas que rechazan la destitución del alcalde de Bogotá.

Después de la destitución del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, por parte de la Procuraduría General de la Nación, la Plaza de Bolívar, en el corazón de la ciudad, se ha convertido en el centro de reunión permanente de ciudadanos que, por un lado apoyan la gestión del destituido mandatario y por otro rechazan la gestión de Alejandro Ordóñez y desaprueban la sanción disciplinaria, que además inhabilitó al mandatario por 15 años.
 
Desde el 9 de diciembre pasado, al menos 50 personas se han quedado en ese punto del centro de Bogotá, de manera permanente en carpas, en lo que se denomina como ‘Aldea Bakatá’.
 
Pero cuando el Alcalde ha convocado movilizaciones ciudadanas para pedir apoyo a su gestión, se han llegado a contar hasta 60.000 asistentes en la Plaza.  Pero no todos los asistentes son el tipo de personas que suelen participar de estos eventos.
 
Entonces, ¿Quiénes son las miles de personas que en ocasiones van a la Plaza de Bolívar? ¿Quiénes son los que permanecen allí? ¿Son todos seguidores del alcalde Gustavo Petro? ¿Son personas del común? ¿Qué hacen en la Plaza?
 
En la Plaza de Bolívar, rodeada por el Congreso, el Palacio de Justicia, la Catedral Primada de Colombia, la Presidencia de la República, la Alcaldía Mayor, se reúnen los miembros de diferentes entes políticos. Jóvenes y adultos que hacen parte del Partido Comunista, cuyas banderas rojas se ubican casi que de frente a la tarima dispuesta para los discursos, ondeándose junto a las de la Marcha Patriótica a la que pertenece la exsenadora Piedad Córdoba.
 
Además, hay otros movimientos, como sindicatos del sector de la salud y los profesores, quienes también levantan en alto sus estandartes, gritando consignas bien preparadas y coreadas a una sola voz.
 
Algunos se ven cansados porque tras una larga jornada de trabajo van hasta el centro a apoyar al Alcalde. Allí departen una bebida caliente con sus compañeros, aprovechando que en la Plaza de Bolívar abundan los vendedores ambulantes que ofrecen chorizos, arepas, perros calientes, yupis. También café caliente, canelazos, aromáticas, carajillo, que lleva tinto y aguardiente. Hamburguesas con vaso de gaseosa por $3.500.
 
Y banderas, máscaras, ponchos, pancartas. Casi todos con el nombre o el rostro de Petro. Se ven banderas del M-19, grupo insurgente al que perteneció el alcalde antes de desmovilizarse y entrar a la política.
 
Ellos, los de la Plaza, además de corear un par de frases, se ríen un poco y dejan ver como su cansado semblante se va transformando.
 
Los artículos que tienen plasmado  el rostro de Petro se consiguen desde 3.000 pesos en adelante.  
 
Pese a  que  algunos de los que usan estos objetos ya llevan más de dos meses ahí, se les ve sonrientes, mientras charlan entre ellos de forma bastante distendida.
 
Hacia los bordes, cruzando y en el centro, también se observa a los miembros de los movimientos  estudiantiles que el  año pasado participaron del paro cafetero, el paro agrario, las protestas  contra la reforma a la salud y un centenar de pequeñas movilizaciones.
 
Mientras bailan, juegan y cantan, en sus voces no solo se escuchan reclamos por la determinación del procurador Ordóñez, sino también reclamos que exigen mayor inversión para la educación, sin dejar de recordar que el otro día uno de los edificios de la Universidad Nacional se quedó sin techo tras un fuerte aguacero y que muchos tuvieron que ver clases afuera.     
 
Pero a las banderas, a los cantos bien construidos y a los trabajadores sindicalizados se suma otro tipo de personas difíciles de encajar dentro de aquel ambiente: un hombre adulto, afeitado y cabello corto, que está acompañado por una mujer y una niña.
 
Ellos no responden a las voces que en coro dicen: “Petro se queda, Ordóñez se va”. Pero permanecen ahí, mirando hacia la tarima que se encuentra frente al Palacio de Justicia, escuchando diversos discursos, uno de ellos pronunciado por un homosexual.
 
El hombre, quien puede tener unos 35 años, habla con quien debe ser su esposa, por la cercanía y la semejanza de los anillos que ambos portan en el dedo anular de la mano izquierda, aunque no aplauden se puede observar como su expresión cambia con lo que pronuncian en la plataforma, es una mirada que contiene algo, una especie de expectación y excitación.
 
La niña, que lleva un gorro de elefante, no parece entender que está haciendo parte de una de las crisis institucionales más grandes que jamás ha vivido Bogotá. Ella se ríe mientras observa los extraños personajes que vagan entre la muchedumbre, una mezcla de monjes, payasos, mimos, zanqueros, que con diferentes expresiones ridiculizan la institucionalidad colombiana. Parece ser tanto el júbilo de la pequeña que incluso baila un poco, mientras come crispetas.
 
Pero esta familia que parece estar pasando por un buen momento no es la única que parece fuera de lugar en un sitio en donde tocan bandas de rock, de hip hop y donde hay quienes piden la legalización de la marihuana, más derechos para la comunidad Lgbti (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales),  igualdad de género, más derechos para los campesinos y estudiantes.
 
En la multitud se pueden distinguir personas de edad con sacos de lana, chaquetas gastadas, trajes que están fuera de moda, acompañados por mujeres que no han guardado la línea y cuya piel ha sido curtida por el sol. A veces solos o separados o acompañados por adolescentes con una expresión que  parece estar endureciéndose por la rudeza de la vida.
 
No muy lejos de ellos, se observa un grupo de jóvenes, que por su forma de vestir deben de realizar algún tipo de actividad relacionada con el trabajo de oficina. Corbatas, chaquetas, sastres y minifaldas ejecutivas distinguen a este grupo que ríe y que no canta consignas. Cada uno sostiene una cerveza en su mano, mientras hablan del elevado precio de la gasolina y de la creciente inseguridad.
 
Uno de ellos explica su participación en esa masa poco común reunida en la Plaza de Bolívar, aunque no es del todo claro lo que dice, se pueden distinguir dos palabras: “Procurador… excesos”.
 
Cuando a la tarima sube un grupo musical, que hace rap acompañado de guitarras eléctricas, aparece otra población, en algo conocido como ‘rapcore’. Estos en su mayoría llevan el cabello o muy largo o muy corto, visten ropa con taches, buzos con palabras en inglés y gorras.
 
Cantan y mueven sus cuerpos con la música que se escucha, entre más canciones suenan más parecen estar llegando a un punto de clímax y cuando alguien dice “pogo”, alguien más le responde: “Hay mucho cucho”.
 
Quienes se cansan de estar de pie se dirigen hacia las escaleras que quedan al frente de la Catedral Primada para descansar un rato.
 
Allí, no sólo están los cansados, también hay hombres que abrazan a mujeres, parejas de novios que por alguna razón encontraron romántico pasar un rato en la Plaza de Bolívar en medio de arengas políticas.
 
Cuando es de noche, algunos comen hamburguesa, otros perro caliente. La mayoría va sonriente, como si estuvieran en una especie de carnaval y no en un mitin político, que es vigilado de cerca por los hombres del Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía, el Esmad.
A solo una cuadra de la plaza hay listos cientos de hombres y tanquetas de la Policía dispuestos a intervenir de ser necesario.
 
Muchos de los asistentes hablan bien del alcalde de Bogotá otros dicen que era un traste, que cometió muchos errores. Pero al responder porque están ahí, dicen que al Procurador se le fue la mano, que esa no era la forma.
 
Al parecer, las personas que asisten a La Plaza pueden convivir, pese a las marcadas diferencias, porque están cansadas de algo relacionado con los abusos.
 
La destitución e inhabilidad política dictadas a Petro, fueron confirmadas por la Procuraduría el pasado 13 de enero, pero ambas medidas disciplinarias se encuentran suspendidas gracias a una tutela que fue admitida por el Tribunal Superior de Cundinamarca.
 
Se espera que en los próximos días se produzca un pronunciamiento de fondo que dé claridad sobre cuál será el futuro del alcalde. 
 
@JBarrantesE
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