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Murió soldado japonés que se ocultó casi 30 años en la selva

Oriente - Enero 17 de 2014, 12:40 pm
Onoda fue el penúltimo de muchos de los apodados 'holdouts' repartidos por varios países del sudeste de Asia

Hiroo Onoda emprendió una guerra contra las tropas estadounidenses en la isla de Lubang, cerca de Luzón, hasta que finalmente en el año 1974 fue persuadido de que la guerra había finalizado.

Murió en Tokio, Hiroo Onoda a los 91 años, un soldado japonés que se ocultó en la selva de Filipinas durante casi tres décadas porque no creía que la II Guerra Mundial hubiese terminado.

Durante años se le lanzaron escritos desde aviones y se realizaron otros esfuerzos sin éxito para convencerlo de que el ejército imperial había sido derrotado. Fue necesaria la visita de quien fue, en ese momento, su comandante para que Onoda pusiera punto final a su guerra personal.

Onoda fue el penúltimo de muchos de los apodados 'holdouts' repartidos por varios países del sudeste de Asia. Eran hombres que simbolizaban la asombrosa y absoluta perseverancia de quienes fueron llamados a luchar por su emperador.

Entrenado como oficial de información y en tácticas de guerrilla, el teniente Onoda, con 22 años fue enviado a Lubang en 1944, ya sobre el final de la guerra, y las consignas para él y sus hombres eran no rendirse jamás, no recurrir a los ataques suicidas, y mantenerse firmes hasta que les llegaran refuerzos.

Su existencia en Filipinas era conocida de vieja data, después de que en 1950 uno de los otros soldados abandonara la selva y regresara a Japón.

En cambio, el resto continuó patrullando, a veces atacando a residentes locales, y hasta enfrentándose con el ejército filipino.

Uno de ellos murió en la década de los cincuenta. Tokio y Manila buscaron afanosamente a los dos restantes en los años siguientes, pero en 1959 ya los dieron por muertos.

Sin embargo, en 1972, Onoda y el otro soldado restante se involucraron en un tiroteo con las tropas locales. Su compañero murió, pero el primero logró escapar.

Este incidente conmocionó a Japón, por lo que se decidió llevar a Lubang a miembros de su familia con la esperanza de convencerlo de que las hostilidades habían terminado hacía mucho tiempo.

Onoda explicaría después que había creído que los intentos por convencerlo eran obra de un régimen títere instalado en Tokio por Estados Unidos.

Finalmente, en 1974, quien fuera su comandante directo logró visitarlo en su escondite en la selva y le dio la orden de deponer las armas, y así la guerra personal de Onoda llegó a su fin.

El teniente Onoda fue el penúltimo soldado nipón de la Segunda Guerra Mundial en rendirse. Siete meses más tarde lo hizo el postrero, Teruo Nakamura, de origen taiwanés, infante en el ejército de Japón que ocupaba China en 1943. Éste murió en 1979, con casi 60 años de edad.

AFP

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