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Análisis: Rusia no permitirá que Occidente se apodere de Ucrania

Europa - Marzo 5 de 2014, 4:23 pm
El presidente Putin no cederá el poder histórico que ha tenido sobre Ucrania. Foto: AFP

Analistas aseguran que Moscú no tolerará la intervención de otras potencias en la región que considera su aliado histórico.

Tatiana Ramírez/NoticiasRCN.com
 
La finalización de los enfrentamientos entre las fuerzas gubernamentales y los manifestantes en Ucrania, que terminó con la salida del presidente prorruso Viktor Yanukovich el 22 de febrero y un saldo de 90 muertos, sólo fue el comienzo de una nueva batalla. El cambio de poderes en la exregión soviética, ahora regida por un Gobierno transicional apoyado por Occidente (específicamente la Unión Europea y Estados Unidos), representa para Rusia una amenaza ante la posibilidad de perder a un aliado histórico en el ámbito geopolítico y económico.
 
“El interés de la Unión Europea es controlar el suministro de gas que Moscú le envía a la UE a través de los ductos que tiene instalados en Ucrania. Quitar el poder a Rusia de que los pueda amenazar con cortarles el gas cada vez que desee. Por su parte, Rusia busca mantener el control histórico que siempre ha tenido en sobre Ucrania y crear una zona de comercio entre las antiguas repúblicas soviéticas. Y sin Ucrania su sueño quedaría sin base”, explica el internacionalista Mauricio Jaramillo Jassir.  
 
Hay antecedentes que apoyan la teoría de la UE. A principios de 2005, Rusia le cortó a Europa el suministro de gas por una disputa sobre los precios. En 2009, el abastecimiento del gas europeo cayó debido a las deudas de Ucrania con Rusia. Además, la exregión soviética es el tercer exportador de trigo y maíz del mundo. Y la frágil situación económica de la Unión Europea les hace temer que una crisis eleve los precios de los alimentos como ocurrió antes del estallido financiero de 2008.
 
Por eso Crimea -una república autónoma con parlamento propio dentro de Ucrania, que limita en el oriente del país con el Mar Negro- se convirtió en el nuevo foco de la crisis. Pues el presidente Vladimir Putin ve en la península su caballo de guerra para mantener controlada militarmente a Ucrania. La ciudad no sólo alberga su poderosa flota militar, sino que además el 54.3% de la población, de un total de 2’000.000 millones, es rusa, la excusa perfecta con la que el mandatario logró que el parlamento ruso le diera la autorización para invadir, en caso de ser necesario, al país en nombre de la protección de sus ciudadanos. 
 
Una medida política que aunque considerada por Estados Unidos y la Unión Europea una violación a la independencia territorial de Ucrania, es apoyada por los rusos que habitan en la exregión soviética -que se separó de Rusia tras la caída de la URSS en 1991- que temen que la llegada de un Gobierno de extrema derecha pueda poner sus intereses e incluso su vida en peligro. Putin tiene claro que la zona suroriental del país está bajo su poder, sin embargo, la parte occidental, que sacó a su aliado Yanukovich, es la ficha suelta que busca controlar. 
 
Para los analistas pese a los intereses de unos u otros lo esencial en esta disputa, que hasta el momento se ha mantenido en un alegato verbal entre las partes, es que Occidente reconozca la importancia histórica que representa Ucrania para Rusia, una relación que se remonta al siglo XVIII cuando Catalina la Grande le arrebató al Imperio Otomano el sureste de Ucrania. Y data de 1783 con Crimea cuando la región se anexionó a Rusia, pero que fue transferida en 1954 a Ucrania–entonces parte de la Unión Soviética–por Nikita Kruschev.
 
“Con toda esa historia Rusia se siente aislada en la región, porque sus intereses y preferencias no son respetadas por nadie a nivel internacional. Así que con Ucrania decidió tomar una decisión más activa para evitar que su gran aliado potencial se le salga de las manos. Simplemente no está dispuesto a tolerar la intervención de otras potencias en la región que considera esencial para su futuro”,  explica Jesús Agreda-Rudenko, profesor de Estudios Europeos de la Universidad del Rosario nacido en Ucrania.
 
El primer disparo será del perdedor
 
Para los analistas lo imposible no es que Putin lance una ofensiva militar contra Ucrania, pues triplican en número el poder castrense de sus vecinos (845.000 hombres en las Fuerzas Armadas, 2.500 tanques, 1.389 aviones de combate y 171 embarcaciones de combate). Lo que es improbable es que Putin inicie la guerra. 
 
“Los rusos difícilmente van a dar el primer paso, esperan que el vecino dé el primer disparo para legitimar su ataque”, explica Rudenko, sin embargo, aclara que “una agresión contra Rusia no sólo es un claro error militar, sino también un error político porque sólo llevaría a una radicalización de la separación del país. Si Ucrania ataca a las tropas rusas en Crimea el Gobierno ucraniano probaría que sólo está defendiendo a una parte de la población y no a la totalidad. Y eso le daría más razones a Rusia para intervenir”, asegura Rudenko.
 
Sin embargo, pese a las airadas reacciones de Estados Unidos y la Unión Europea en contra de la posible intervención militar de Rusia en Ucrania, el accionar de Occidente sobre Moscú es limitado. 
 
Al tener Rusia poder de veto en el Consejo de Seguridad, las acciones de la ONU son nulas. Las sanciones que se impongan a Rusia vendrán de cada país que de forma coordinada acuerden bloquear política y económicamente a Moscú.
 
Pero no todos están unidos. Alemania, Polonia y Francia no están dispuestas a arriesgarse a que la empresa estatal rusa Gazprom les corte el suministro de gas, del cual dependen en un 100%. La parte oriental de Europa depende del combustible nuclear que exporta Rusia. Además, de acuerdo con un documento privado, filtrado a los medios, Reino Unido estaría en contra de imponer sanciones a Rusia porque perjudicarían al sector financiero londinense.
 
Sin liderazgo ni dinero
 
Los enfrentamientos entre las autoridades y la oposición, que se desencadenaron en noviembre del 2013, contra la decisión de Yanukovich de estrechar vínculos económicos con Rusia y suspender las negociaciones de asociación con la UE, dejaron más 90 muertos en todo el país. 
 
Pero quizás, en este momento, la lucha fue en vano, no en contra de la corrupción que desde hace décadas afecta al país, sino desde el aspecto económico. La inestabilidad de Ucraniana convierte la efímera asociación con Europa en casi un sueño, pues la UE busca asociarse con economías sólidas. 
 
Una asociación que de igual manera a corto plazo no beneficiaría a Ucrania, que tiene una deuda pública de 73.000 millones de dólares. “La UE no tiene la capacidad de financiar a Ucrania, en ultimas terminarían pidiéndole al Fondo Monetario Internacional que los ayude”, asegura Rudenko. “El FMI le exigiría al Gobierno que retire los subsidios a gran parte de la población, que depende de este dinero para pagar sus cuentas de gas, en especial en los cruentos inviernos”.
 
La solución a corto plazo, según los analistas, es que Ucrania estabilice su poder político y económico para a largo plazo buscar nuevos aliados comerciales con el fin de desligarse del poder que Rusia tiene sobre ellos, pero en este caso desligarse no significa romper sus relaciones, pues ante las escasez de otras fuentes energéticas alternativas, Rusia siempre estará presente.
 
“A mediano plazo Ucrania debe mantener su alianza con Rusia para tener una estabilidad económica y energética. Pero a largo plazo esa dependencia política con Moscú no es sana. Ucrania es un país independiente y debería tener autonomía en la toma de decisiones, debería poder elegir los aliados que considere necesarios, aquellos que le pueden traer mayores beneficios no sólo políticos sino también económicos”, indica Rudenko. 
 
A la falta de dinero, por culpa de la corrupción y malas gestiones, se une la falta de una voz de liderazgo. La clave es que el Gobierno garantice la protección de los intereses de los ucranianos de occidente y oriente. Mostrar que no sólo es un Gobierno que representa a la oposición que tumbó a Yanukovich, sino que es una oposición que busca el bien del país en conjunto.
 
“En un país con una población tan diversa, con diferentes lenguas y tradiciones es muy importante que todos los grupos étnicos se sientan representados en un solo país y se sientan protegidos. Es el gran desafío que tiene por delante Ucrania”, aseguró el portavoz del gobierno alemán, Steffen Seibert.
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