129381

Benedicto XVI gana méritos un año después de su renuncia

Europa - Febrero 11 de 2014, 7:21 am
un año de su sorpresiva renuncia, Benedicto XVI no se arrepiente de su decisión. Foto: AFP

El papa emérito cree que la historia reinvindicará su turbulento y muchas veces criticado papado.

Benedicto XVI, de natural tímido y discreto, dio hoy hace un año al mundo su lección "más revolucionaria" al anunciar, en plenas facultades mentales, su renuncia al pontificado por su edad avanzada y la falta de fuerzas "para ejercer adecuadamente el ministerio petrino".
 
Cuando la mañana del 11 de febrero del 2013 el alemán Joseph Ratzinger leyó en latín su renuncia tras ocho años de pontificado, se abría una nueva página para la Iglesia católica.
 
"Para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado", dijo en latín.
 
El sorprendente anuncio ponía fin a un papado de ocho años marcado por abrumadoras denuncias por corrupción, pedofilia e intrigas internas e inclusive la filtración de documentos reservados robados de su propio escritorio, conocido como el escándalo de los Vatileaks. Benedicto XVI soportó con estoicismo 24 largos viajes plagados de actos e interminables ceremonias litúrgicas ataviado con pesadas mitras y casullas.
 
En sus últimas apariciones a nadie se le escapaba que Benedicto XVI estaba agotado, apenas lograba caminar, debía ser sujetado por dos sacerdotes para subir o bajar los escalones del altar de San Pedro, hasta la lectura de sus bellas homilías o los saludos en ocho idiomas tras El Ángelus delataban una voz arrastrada y temblorosa.
 
La timidez y el cansancio de Benedicto XVI, no le restó lucidez ni fuerza para dar el paso calificado de "revolucionario" al entregar el papado casi ocho años después ser elegido, el 19 de abril de 2005, como 265 sucesor de san Pedro, tras la muerte de Juan Pablo II.
 
Un gesto, el de Benedicto, que fue interpretado por los analistas, como "revolucionario" y como un "acto de rebelión" con el mensaje de que el único camino a recorrer era el de intervenir con coraje y en profundidad en el cuerpo enfermo de la Iglesia.
 
Y que para cambiar el curso de la cosas era necesario reescribir el final y, de algún modo, vencer a la muerte, no esperarla.
 
Pero el papa no fue apoyado con la fuerza necesaria en este camino, "es más, fue dejado solo en primer lugar por la Curia", señaló un alto cargo de la Curia que prefirió no desvelar su nombre
 
Las claras indicaciones de Ratzinger a la Curia no fueron respondidas con los actos consiguientes. "Luchó y cómo luchó, Benedicto, -refirió la autoridad eclesiástica- por eso, su renuncia se puede leer como un acto de rebelión, un acontecimiento revolucionario".
 
Para el analista Giuliano Ferrara, que escribió entonces el artículo "Pequeño, gran papa" en la revista Panorama, el papa que emprendió la guerra contra el relativismo cultural y moral hizo el gesto de "relativizarse" a sí mismo para brindar a la Iglesia una dirección fuerte que combatiera todos sus males.
 
Un grito de rebelión y de humildad, como humilde fue la decisión del papa emérito de permanecer "oculto al mundo" y lejos del cónclave que elegiría a su sucesor en la residencia estival de los pontífices de Castel Gandolfo, a unos 30 kilómetros de Roma, que tanto disfrutó y amó. 
 
Sin arrepentimientos
 
Aislado del "mundanal ruido", como anunció antes de abandonar el trono de Pedro, Benedicto XVI no se arrepiente de su decisión y cree que la historia reivindicará su turbulento y muchas veces criticado papado.
 
"El papa Benedicto está en paz consigo mismo y creo que está incluso en paz con el Señor", dijo el arzobispo Georg Ganswein, secretario del papa Benedicto y al mismo tiempo prefecto de la Casa Pontificia del papa Francisco.
 
"Estoy seguro, de hecho convencido, de que la Historia le ofrecerá un juicio que será diferente de lo que a menudo se leyó en los últimos años de su pontificado", dijo Ganswein en una entrevista telefónica.
 
Antes de dejar el cargo, Benedicto, que ahora reside en un exmonasterio en los jardines del Vaticano, dijo que viviría el resto de sus días "oculto del mundo", en oración y aislamiento.
 
Desde entonces, se le ha fotografiado apenas cuatro veces.
 
"De hecho, está alejado del mundo, pero está presente en la Iglesia. Ahora su misión es, tal como dijo una vez, ayudar a la Iglesia y a su sucesor, el papa Francisco, mediante la oración. Es su primera y más importante tarea", dijo Ganswein.
 
Cuando Benedicto decidió permanecer en el Vaticano, se especuló que la decisión podría tener un efecto desestabilizador en la Iglesia, pero esos temores no se concretaron.
 
"Desde el inicio hubo un buen contacto entre ellos y ese buen comienzo se ha desarrollado y madurado. Se escriben, se llaman por teléfono, conversan, y hacen invitaciones", dijo Ganswein.
 
El arzobispo dijo que Benedicto pasa sus días estudiando, leyendo, respondiendo cartas, recibiendo a visitantes, tocando el piano y orando mientras pasea por los jardines del Vaticano.
 
"El está bien, pero ciertamente carga el peso de sus años. Así que, es un hombre físicamente viejo pero su espíritu es muy vivaz y muy claro", dijo Ganswein.
 
"Mi única y última tarea es sostener con la oración el pontificado de Francisco", escribió en enero el papa alemán en una carta enviada al teólogo progresista suizo Hans Kung, en la que recalca que comparte con el papa argentino "una gran identidad de puntos de vista".
 
NoticiasRCN.com/agencias
Benedicto XVI Papa Francisco rebelde catolicos corrupción pedofilia vaticano ego