272892

Dos colombianos estuvieron 72 horas en la lista de los muertos por el terremoto en Ecuador

América - Abril 20 de 2016, 10:59 am
Carol Huertas y su novio Álvaro Dávila.

Una pareja que estaba de vacaciones y que llegó a Pedernales en moto, se salvó gracias a que huyeron en su vehículo segundos después de la tragedia.

Mónica Vengoechea / NoticiasRCN.com
 
Carol Huertas, abogada pastusa de 30 años, figuraba hasta hace 72 horas en una lista de la Cancillería Colombiana como víctima mortal del terremoto de Ecuador.
 
Ella se encontraba disfrutando de unos días de descanso desde el pasado 15 de abril con su novio Álvaro Dávila, también colombiano de 53 años, en un hotel muy pequeño pero recién construido de Cojimíes, un balneario muy famoso por sus aguas serenas y  playas color gris, ubicado a 45 kilómetros de Pedernales, en la Provincia de Manabí. 
 
Pero después del sismo nadie pudo dar señas de Carol ni de su pareja a quienes vieron por última vez el sábado al caer la tarde, tomando un baño en la piscina del hostal ubicado a menos de 200 metros del mar.
 
Vivos de milagro
 
Lo que ningún organismo de socorro ni autoridad o trabajador del hotel La Bocana Quiximíes supo, hasta que la misma Carol Huertas lo contó al regresar a Nariño, fue cómo hizo esta pareja colombiana para sobrevivir, primero, al temblor que sacudió la edificación donde se albergaban, y segundo, a la pavorosa experiencia de encontrarse con un paisaje soñado y paradisíaco que en 50 segundos pasó a ser el más desconsolador escenario de una pesadilla. 
 
No era la primera vez que Carol y Álvaro viajaban desde Pasto hasta las costas de Ecuador a bordo de su vehículo, una motocicleta de lujo de 800 cc de cilindraje. Una aventura por la que de seguro más de una vez los habrán tildado de locos osados, pero que, según ambos sobrevivientes, fue determinante para salir ilesos.
 
Esta vez, de todas las playas turísticas que ya habían visitado, solo faltaba la de Cojimíes y por eso con anticipación suficiente compraron un plan que incluía tour por la playa y reserva en un  modesto hotel de tres pisos y acabados en madera que figuraba entre los más nuevos de la zona.
 
Arribaron el jueves 14 de abril a Quito para saludar a unos amigos y un día después emprendieron viaje a Pedernales.
 
"El viernes a medio día caminamos la ciudad, era muy bonita, algo alejada de donde nos hospedamos pero así lo decidimos porque nos pareció que era el más nuevo y el mejor", contó Carol Huertas a NoticiasRCN.com.
 
El sábado visitaron uno de los mayores atractivos del litoral Ecuatoriano, la Isla del Amor, llamada así por una piscina natural en forma de corazón que tiene en su interior. Un paseo por los bosques de mangles vecinos a esta isla  y zonas de avistamiento de aves migratorias también hizo parte del romántico recorrido que en cuestión de horas terminaría en una delirante carrera por escapar de la muerte.
 
De regreso al hotel, después de almorzar, Carol y Álvaro optaron por meterse a la piscina del hotel sin sospechar siquiera que ese baño sería lo último placentero que disfrutarían de su estadía en playas ecuatorianas, según lo que siguió en el relato de la abogada independiente.
 
"Subimos de la piscina para arreglarnos y salir a cenar. Yo estaba en la ducha y ahí todo empezó a moverse. Se apagó la luz. Salí desnuda sin cerrar la llave. Todo se movía fuerte. El vidrio de la ducha se quebró. Grité que estaba temblando. No sabíamos qué hacer. Todo caía. Le preguntamos a una de las pocas parejas que se alojaron en el hotel a dónde ir pero ellos estaban igual de angustiados. Nos resguardamos bajo el marco de la puerta por unos instantes. El piso seguía sacudiéndose. Reaccionamos. Agarramos lo que pudimos y salimos corriendo al parqueadero". 
 
La moto cubierta con un protector negro aún estaba en pie en el amplio parqueadero del hotel. "Eso fue afortunado y también tener los trajes y chaquetas en las pequeñas maletas que traen esas motos para salir lo más rápido posible", aseguró Carol.
 
No hubo tiempo ni mente para devolverse al cuarto a recuperar algo del equipaje. Zapatos, ropa, cosas de aseo personal quedaron atrás, junto con los restos del hotel que Carol supuso se caían a pedazos por el estruendo que emitían. Ella fue incapaz de voltear la mirada. Lo único que importaba era seguir adelante.
 
El camino a tierra firme
 
La descripción de Carol de su huida hacia algún lugar que les diera seguridad en todo sentido parece sacada de una de esas películas de historias apocalípticas, en las que los protagonistas que escapan van dejando a su paso la estela destructiva del desastre recreado. Solo que esta vez fue una real y trepidante batalla contra reloj por sobrevivir.
 
"Avanzamos a bordo de la moto por entre las vías agrietadas, los escombros y los árboles caídos. Llorábamos. Estaba oscuro pero recuerdo un incendio grande, se estaba quemando algo grande. La policía gritaba ¡tsunami, evacúen!, llovía durísimo, nos metimos por las vías de una ciudad que ya no existía, aún temblaba, la gente gritaba y se le echaba a los carros y a los camiones por el miedo a que se viniera encima el agua", recuerda Carol como si lo estuviera viviendo de nuevo.
 
"Después de las 9:00 de la noche, buscamos como pudimos una salida por el sector de Pueblo Seco, todavía en Pedernales. Allí había camiones, gente muerta, sangre por todos lados, desesperación, especulación. Solo queríamos alejarnos del mar porque pensamos que íbamos a morir ahogados. No pudimos seguir porque la vía estaba destruida. Una señora de una tienda nos dio posada y ahí estuvimos, en un lugar despejado de montañas y postes hasta las 3:00 de la mañana, cuando vimos una moto que venía. Había tres derrumbes. Pasarlos era nuestro riesgo, pero lo hicimos".
 
La meta, por instinto y las señales de quienes les brindaban orientación, era seguir la ruta a El Carmen, un cantón de Manabí con una vía principal que lleva a otra provincia llamada Santo Domingo de los Tsáchilas o de los Colorados, donde el sismo se sintió pero no hubo tanta afectación.
 
"Allí, en El Carmen, conseguimos gasolina. Seguimos hasta Santo Domingo donde logramos alojarnos en un hotel con internet para avisar a mi familia que estábamos a salvo. Eran las 4:30 de la madrugada", relató Carol entre soplidos que denotan un invaluable alivio por haber sobrevivido. 
 
El resto del camino no esperó tanto para ver correr en dos ruedas a esta pareja de colombianos con destino a Quito y luego a Pasto, Nariño, a donde llegaron el pasado lunes para abrazar a su familia y confirmar que el nombre de Carol Huertas escrito en la lista de colombianos muertos que hasta el momento habían identificado funcionarios de la Cancillería colombiana era, gracias a Dios y a esa motocicleta, una equivocación.
 
Colombia Ecuador terremoto Pedernales