Hazañas Maestras: Chadán Rosado, el profe que enseña en las inclementes temperaturas de la Alta Guajira

Hazañas Maestras
30 Sep 2019 8:24
Rosado es el encargado de llevar y recoger a los estudiantes en una moto desbaratada, con una temperatura de hasta 40 grados, para enseñar en una escuela wayú.

Como un milagro, en medio del desierto de la alta Guajira, aparece la escuela wayú. El colegio lo conforman una serie de enramadas, que no son otra cosa que los únicos salones de clase sostenidos, no se sabe como, por el paso del tiempo.

El colegio pertenece al municipio de Uribia. De allí, a la escuela, hay un recorrido de hasta 3 horas en medio de la nada.

En ese desierto, en donde el viento es la única compañía y la temperatura no baja de 40 grados, estudian 90 niños wayú. Cuatro profesores, sin recursos, son los responsables de la enseñanza de estos niños.

hazañas maestras educacion la guajira colegiosAllí enseña el profe Chadán Rosado, de 34 años, wayú, estudiante de una maestría en matemáticas, enamorado de sus alumnos y sacrificado en su trabajo.

Paso toda la semana en la escuela, de lunes a viernes sagradamente, desarrollando los procesos educativos que se adelantan en nuestra sede educativa.

Llegar a la escuela significa luchar contra todo: el problema más grande es la falta de agua en semejante desierto.

Dice el profe Chadán que la última vez que los niños tomaron agua potable fue hace cuatro meses; hay que someterse al milagro de que aparezca el carrotanque con agua en malas condiciones.

"A la gente de aquí de la comunidad le toca hacer estos posos para poder encontrar agua, para suplir las necesidades de la comunidad", dice el profe, y señala un hueco en el que, al fondo, se alberga el oscuro líquido

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Al preguntarle a una pequeña sobre qué le gustaría que tuviera su colegio, responde en una lengua que recoge años de tradición indigena, y que traducen al español una dura realidad:

Quisiera que mejoraran la estructura del colegio, pues nos cae mucha arena y no tenemos transporte.

Los niños pasan días dificiles, días que, pareciera, no fueran para ellos, sedientos, en la soledad, pero el profe se las ingenia: hoy ha traído un paquete de dulces que logra arrebatarles una sonrisa.

Como el calor es insoportable, los profesores deben suspender las clases para tomar agua.

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Pero como si la flata de agua no fuera un serio problema, los profesores de la escuela se han convertido en los conductores de los niños: los recogen en las puertas de sus casas y los llevan al medio día.

Si no fuera así, no habría clases; es imposible caminar en este desierto cuando la temperatura marca 40 grados y no hay ni una sombra.

Esto significa que el profe Chadán debe levantarse más temprano, y en una desvensijada moto, recoger a los niños para llevarlos a la escuela.

"Aquí perfectamente caben 5 o 6 estudiantes", dice el profe, quien a la fuerza se ha convertido hasta en el psicólogo de sus estudiantes. Y es que los conoce a la perfección: con solo mirarlos sabe que tienen sed, les adivina el permanente deseo de comer dulce o el afán de terminar una tarea.

En medio del desierto y arropado con el cariño de sus estudiantes, Chadán remata con una frase llena de sabiduría y verdad: 

Ellos a pesar de sus calamidades viven y son felices con lo poco que tienen.

NoticiasRCN.com

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