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Informe Especial: 30 años del atentado terrorista contra el edificio del DAS

Los llamados extraditables activaron un bus con 500 kilos de dinamita frente a la sede del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) en Bogotá.

6 Dic 2019 8:27Por: Noticias.canalrcn.com

Uno de los elementos más siniestros del atentado contra el edificio del DAS, el 6 de diciembre de 1989, fue quizá lo inesperado y sorpresivo. Terminaba aquel terrible 1989, en el que los niveles de violencia por cuenta de ‘Los Extraditables’, paramilitares y guerrilla llegaron a un tope inusitado.

La ola de atentados y ataques incluía los asesinatos de Luis Carlos Galán, José Antequera o el coronel Valdemar Franklin Quintero; masacres como la de La Rochela; atentados como el que ocurrió contra El Espectador y una lista descomunal de explosiones, asesinatos, masacres y violencia sin medida y sin ningún antecedente en la historia.

El propio general Miguel Maza Márquez, director del DAS, había soportado un atentado meses antes: activaron un carro bomba al paso de su caravana en la calle 57 con carrera 13; y solo días antes de aquella mañana del 6 de diciembre, la mafia había volado el avión de Avianca en pleno vuelo: 110 personas murieron. Era difícil creer que Pablo Escobar y Rodríguez Gacha se atrevieran a más. Pero ocurrió.

Bomba edificio DAS

Iniciaba la jornada del 6 de diciembre en Paloquemao, una zona concurrida y parlera porque en apenas un par de cuadras comparten espacio comercios, restaurantes, cafeterías, el edificio del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) –donde cientos de personas acudían cada día a hacer el trámite de obtener el pasado judicial–, y los juzgados de complejo judicial de Paloquemao, donde aún hoy es frecuente la congestión de abogados y solicitantes en los despachos.

Hacia las 7:15 de la mañana, apareció un bus de la empresa Sidauto parqueado en la esquina de la calle 17 con carrera 28, justo frente la fachada lateral y oriental del edificio del DAS. “Justo aquí la pusieron”, dice hoy el exdetective de DAS Hernando Jiménez Yungo, quien regresó a la misma esquina, donde 30 años atrás, cambió su destino.

A esa misma otra, pero al otro lado del edificio, en el sector occidental, estaba William Andrés Ortiz González. En ese momento era un niño de 10 años, que llegó a la zona, de la mano de su mamá, doña María Helena González Moreno, secretaria en el DAS. Era víspera de día de velitas, vacaciones escolares, el niño debía acompañar a su mamá al trabajo. Pero antes de iniciar la jornada debían desayunar. “Me dice: ya vengo, papito, para que desayunemos juntos. Ella entra a dejar el bolso”, recuerda hoy William Andrés.

El bus no explotó en la esquina en la que fue parqueado. Uno de los terroristas lo prendió, le puso peso en el acelerador y lo dejó rodar por la calle 17, con dirección al edificio: la intención clara era impactar la estructura. Cuando el bus sin conductor pasaba la carrera 28 se encontró de frente con una camioneta cargada de frutas y verduras que acababa de salir de la plaza de mercado del sector, a unas dos cuadras de ese punto.

El impacto hizo estallara segundos y metros antes del punto a donde iba dirigido: los cimientos del edificio. Hay quienes creen que, si la bomba explota justo en la base de la estructura, el desplome de la estructura habría sido inminente.  Hernando Jiménez estaba al frente de donde ocurría la escena del bus sin control y camión que lo impactaba: formaba, al lado de dos compañeros, en una oficina esquinera del quinto piso. A esa hora recibían las instrucciones para las tareas del día en el grupo de investigación rural.

"Cuando estalla, eso se sintió como que la tierra y todo se iba hacia arriba –recuerda el detective Jiménez–. A mí me levantó y me estrelló contra el techo. Y cuando yo iba en el aire sentí el estallido en el ojo. Me mandé la mano a la cara a recogerme el ojo que se me estaba saliendo”.

Bomba DAS

Foto: el exdetective Hernando Jiménez relata el momento de la explosión

“Estoy esperando a que me sirvan el desayuno –el recuerdo ahora es de William Ortiz–, cuando de repente, de una forma muy fuerte, un estallido que se escucha de una forma estruendosa”.

Era un niño de 10 años pero sus recuerdos son nítidos. Cuando se asomó a la puerta del restaurante, quedó estupefacto en medio de la nube de polvo gris, el sonido de las sirenas y la confusión general. Y del otro lado del edificio, justo donde estaba el despacho de la mamá de William, quizá a unos metros de ella, ya atendían al detective Jiménez. “Vinieron y me sacaron, me rescataron, pero yo no me acuerdo absolutamente de nada”, dice el ex detective.

Bomba DAS

La bomba en el bus había sido armada con al menos 500 kilos de dinamita (existen testimonios que hablan de 700 kilos). “Los Extraditables”, como se hacía llamar el grupo liderado por Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha, planearon y ejecutaron el ataque.

El objetivo era atentar contra Maza Márquez, pero no se descartan motivaciones adicionales pues los actos dementes de “Los Extraditables” eran una cruzada de terror en contra de la extradición. Días antes se había hundido una reforma constitucional, propuesta por el gobierno de Virgilio Barco, y un referendo al que se le había colgado a última hora una pregunta sobre la extradición.

William no sabe cuántas horas o minutos después al fin vio salir a su madre, que avanzaba por entre la confusión de la calle, como recién llegada de la muerte. Y el hijo, parado en la misma esquina, 30 años después, aún no sabe por qué lo dejó en el restaurante, en una decisión que le salvó la vida o al menos lo libró de graves secuelas. "Fue un favor de dios. No más. Un hecho pues sobrenatural. No me tocaba a mí ni a mi mamá”.

Doña María Helena González perdió gran parte de la audición. El detective Hernando tuvo 180 días de incapacidad y quedó con el 96% de incapacidad permanente, en parte generada por la pérdida de su ojo izquierdo. Como ellos, la bomba del DAS dejó cientos de historias de secuelas y dolor y quienes regresaron a la esquina donde su vida cambio de rumbo, coinciden en algo: por ahora, no son reconocidos como víctimas.

Los detectives que sobrevivieron también aseguran que está pendiente el reconocimiento como víctimas del narcoterrorismo. Yolanda Gil fue detective del DAS, aquella mañana salió ilesa, de manera milagrosa, y se sumó a los que ayudaban a evacuar los más de 500 heridos. Hoy, lidera una de las asociaciones de pensionados del DAS que reclama atencón y reparación.

“Con la terminación del DAS –dice Yolanda Gil–, los que estaban trabajando fueron ubicados en ciertos lugares, como la Fiscalía o el CTI. Pero las personas que ya nos habíamos retirado, nosotros quedamos completamente abandonados por el Gobierno”.

Y es que con el DAS ocurrió una singular paradoja: resistió a esa embestida brutal de la mafia pero no a los escándalos y presuntos casos de corrupción que lo minaron por dentro. Entre otros: El general Alfredo Maza Márquez fue condenado a 30 años de cárcel por el magnicidio de Galán. El exdirector Jorge Noguera fue condenado a 25 años en el caso del profesor Correa de Andreis y el exsubdirector Josi Miguel Narváez paga una condena de 26 años por el asesinato de Jaime Garzón.

Y aunque la lista de escándalos del DAS es extensa, quizá el más grave es el de las chuzadas. La justicia determinó que desde el DAS se interceptó de manera ilegal a magistrados de las altas cortes, políticos de oposición, periodistas, sindicalistas y defensores de derechos humanos. La justicia emitió al menos 20 condenas, entre ellos la exdirectora María del Pilar Hurtado y el exsecretario de Presidencia en el gobierno de Álvaro Uribe, Bernardo Moreno.

El 31 de octubre de 2011 el DAS fue liquidado. Pablo Martínez es otro de los detectives que reclama un reconocimiento hoy. “Obviamente, no podemos tapar el sol con un dedo, porque sí fue permeado por las mafias y ahí hubo corrupción”, pero agrega que la gran mayoría de funcionarios no están involucrados. “honestidad, lealtad y honradez caracterizó a la mayoría”.

Martínez asegura que existen exempleados del DAS heridos y discapacitados, tras sobrevivir a ese atentado, que reclaman atención. No existe una cifra exacta y se teme que el registro sea alto. “ero vienen a ser funcionarios del DAS unos 10 mil. Pero con sus familias y con las personas allegados a ellos venimos a ser unos 30 mil”, agrega Yolanda Gil.

Y además está la tragedia de los peatones o simples solicitantes que estaban allí esa mañana. Algunos nunca aparecieron. Fue tal la violencia de la explosión que se cree que sus cuerpos fueron borrados.

En el antiguo edificio ahora funcionan despachos del CTI y la Fiscalía. Cuando Yolanda Gil regresa a la zona busca en el asfalto la marca del cráter que dejo la bomba. Pero el cemento de la carrera 28 y el separaron donde estalló el bus parecen recién pintados. Igual que la fachada gris y de ventanas pequeñas.

Las cicatrices de aquella bomba no se ven aquí, pero están intactas en quienes hoy son deudos y sobrevivientes.

Jairo Patiño/NoticiasRCN.com