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Historia de un acto demencial que lamenta el país

Una camioneta con 80 kilos de pentolita ingresó a la Escuela General Santander donde la carga fue activada por el propio conductor. 22 cadetes de la Policía perdieron la vida ese día.

16 Ene 2020 9:11Por: canalrcn.com

Pocas veces el dolor y la impotencia han sido registrados en una sola imagen de forma tan clara y poderosa como lo hicieron los medios de comunicación ese 17 de enero de 2019.

Ese día, pasadas la 9:30 de la mañana, los videos filtrados a través de las redes daban cuenta de una explosión sin precedentes frente a los alojamientos de las mujeres dentro de la Escuela General Santander.

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Este es el lugar de formación de jóvenes cadetes de la Policía. Esos que aturdidos y sin conocer de la guerra apenas reconocían, entre los rastros de un carro en llamas, los cuerpos de 22 compañeros de escuela.

Los primeros testimonios de la barbarie dentro de la General Santander se colaron por las redes de los uniformados. A través de un celular transmitiendo en vivo el país empezaba a entender lo sucedido.

El humo le dio paso a la magnitud de la destrucción. Los destrozos en alojamientos y salones se hicieron irrisorios ante las 22 pérdidas humanas, en su mayoría jóvenes que un día antes, provenientes desde diversas partes del país, habían regresado a clases.

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Con el tiempo y más allá de las versiones iniciales, confusas y contradictorias, logró entenderse que ese carro bomba era la misma camioneta que minutos antes, cargada con 80 kilos de pentolita, había viajado algunos kilómetros en una ruta por el sur de la capital.

Las cámaras de seguridad en la entrada de la escuela general Santander, registraron su ingreso al lugar, cruzó frente a una formación de más de 100 cadetes, recorrió sin contratiempo parte del lugar hasta llegar al alojamiento femenino.

Allí estalló con su conductor adentro, en un acto suicida, de esos que se creían solo eran posibles en el otro lado del mundo

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Pronto se confirmó que el inmolado conductor era José Aldemar Rojas, un explosivista del ELN, al que el grupo guerrillero le entregó la misión de golpear sin compasión, más que a la Policía, al país. 

22 cadetes entre ellos una estudiante ecuatoriana perdieron la vida. Más de 100 uniformados resultaron heridos.

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